Museo de Sorolla
La visita de museos que
no contengan actividades interactivas puede parecer a priori, y sobre todo para
los más pequeños, una actividad aburrida si el tema de la exposición no es del
interés de la persona. Sin embargo, se puede llegar a aprender mucho de
distintas maneras.
Un ejemplo es el Museo
de Sorolla. El lugar es la casa en la que vivió el pintor, algo que puede
resultar muy curioso. Con la visita se descubren muchas cosas además de sus
cuadros.
El
hecho de que sea el lugar en el que vivió Sorolla da la posibilidad de tener
una visión distinta del museo. En primer lugar se conoce su espacio, dónde
pintaba y cómo era su casa. La sala más llamativa quizá sea su estudio, en el
que se conservan muchos elementos del pintor como sillas, alfombras e incluso
los pinceles.
Por otro lado, también
se conoce la historia de los cuadros de Sorolla y su estilo gracias a especies
de folletos que hay en cada sala.Se cuenta también con
una sala dedicada a la vida de Sorolla fotografiada incluso por artistas que le
admiraban.
Personalmente creo que
son puntos a favor en cuanto a educación, porque no es una simple exposición de
cuadros. Además, en la página web hay la posibilidad de que los niños se
apunten a ser escultores por un día;
esta actividad hace más llamativo el museo y más lúdico.




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